Psicología Perinatal y Parto Respetado

Entrevista de Equipo Océano Medicina
Publicada originariamente en https://oceanomedicina.com.ar/psicologia-perinatal-otro-enfoque-del-parto-respetado/

psicología-perinatal

El Plan de Acción para la Salud Mental en el mundo de la OMS (2013-2020), recomienda la inclusión de la salud emocional y mental como parte de la atención prenatal y posnatal domiciliaria y en centros de salud para las nuevas madres y sus recién nacidos, incluidas aptitudes para la crianza.

En Argentina, apenas el año pasado fue aprobada la psicología perinatal como especialidad. Al respecto, la licenciada Natalia Liguori, Co-coordinadora de la Comisión de Psicología Perinatal del Colegio de Psicólogos del Distrito XV de la Provincia de Buenos Aires, aborda sus implicaciones y cómo impacta en la relación de la madre y el niño, además del aporte que representa para el parto respetado.

– ¿Qué es la psicología perinatal?

– La psicología perinatal es una rama de la psicología que se ocupa específicamente del abordaje clínico de los procesos vinculados con la maternidad/paternidad y sus vicisitudes: el deseo de hijo, la búsqueda de un embarazo, los tratamientos de reproducción humana asistida, la gestación, el parto/nacimiento, el puerperio, el vínculo temprano, la transformación de pareja – en aquellos casos en los que la hay – en familia, los duelos que pudieran iniciarse en esta etapa ya sea por diagnósticos inesperados, por nacimientos prematuros, por patologías compatibles o no con la vida, por pérdidas gestacionales/perinatales, entre otros.

Nuestro trabajo se orienta al acompañamiento, el cuidado, la promoción de la salud, la prevención, las intervenciones, el diagnóstico y el tratamiento psicoterapéutico de las mujeres y familias durante este período vital, con el objetivo de favorecer el bienestar emocional, el establecimiento de vínculos saludables y la adaptación a los nuevos roles e identidades que se inauguran.

En Argentina, es una disciplina relativamente nueva en comparación con otras áreas de ejercicio profesional. Recién el año pasado se aprobó como especialidad en el Consejo Superior del Colegio de Psicólogos de la provincia de Buenos Aires.

– ¿Qué implica el acompañamiento psicológico a la embarazada? ¿Empieza antes del parto o después?

– Por más deseada y planificada que sea, la maternidad implica una crisis vital, una etapa altamente significativa en la vida que se caracteriza por múltiples cambios, no sólo a nivel físico y hormonal, sino también a nivel psico-socio-cultural. El nacimiento de un hijo es uno de los acontecimientos vitales más significativos y con mayor trascendencia. En ocasiones, esta crisis puede confluir con otras (violencia, separaciones, pérdidas de seres significativos, mudanzas, adicciones, etc.).

La búsqueda de un espacio psicoterapéutico puede iniciarse en cualquier momento de este proceso, según los deseos y necesidades de cada mujer. Algunas consultan cuando aparece el deseo de hijo, el anhelo de familia, otras lo hacen cuando se confirma el embarazo o ante dificultades para concebir. También hay mujeres que se acercan – ya sea durante la gestación o el puerperio- sumergidas en un mar de emociones encontradas, en los que suelen incluirse alegría, temores, ilusiones, dudas, ansiedad, fantasmas de experiencias previas personales o familiares. Mujeres con embarazos de alto riesgo, mujeres que han tenido partos traumáticos o puerperios difíciles, mujeres sin redes de sostén que se sienten muy solas, mujeres a las que se les dificulta el inicio del vínculo con sus bebés, mujeres cuyos hijos han tenido que ser internados en cuidados intensivos, mujeres que padecen trastornos de ansiedad y/o del estado del ánimo.

A veces la demanda puede no ser de las usuarias del sistema sino de los equipos de salud, no sólo en la consulta particular sino principalmente en instituciones de salud que cuentan con psicólogos perinatales trabajando de forma interdisciplinaria en las áreas de obstetricia y neonatología, primeros acercamientos en los que se trata de un encuadre absolutamente distinto al que estamos habituados, en el que la complejidad enfrenta a otro tipo de desafíos, en la medida en que se trabaja in situ, ya sea en la sala de espera, en la guardia, en la habitación, en el quirófano, en la neo, sin saber si se volverá a ver a la mujer/díada.

– ¿Cuándo una madre podría necesitar terapia psicológica dentro del contexto de parto respetado?

– Cuando hablamos de parto respetado, hablamos fundamentalmente del respeto de los derechos de la mujer gestante y de su bebé por nacer, hablamos de respeto no sólo en el trato y en la atención que reciba, que debe ser personalizada, sino también del respeto de los tiempos biológicos y psicológicos, de sus deseos, necesidades y costumbres. Todos los partos deben ser respetados.

El acompañamiento psicoterapéutico durante el embarazo, suele favorecer la preparación emocional y psicosocial para lo que se viene: no sólo para el parto, sino también para el puerperio. La mujer es capaz de reconocer sus necesidades, enfrentar sus miedos e identificar sus recursos, puede trabajar con ellos en un proceso que es frecuentemente conocido como empoderamiento.

El parto/nacimiento es un proceso fisiológico que requiere de ciertas condiciones para que fluya: la mujer debe sentirse segura, cómoda, contenida, sostenida, su intimidad debe ser resguardada y es imperativo que sea reconocida como protagonista de este proceso en el cual su cuerpo se abre para dar a luz a su hijo. Es un momento de especial sensibilidad para la mujer en el que a nivel cerebral hay un escenario específico preparado para la impronta y el inicio del vínculo con su bebé, que hace que los eventos que transcurren durante el parto y las primeras horas del puerperio puedan quedar vívidamente grabados en la memoria consciente, tanto si la experiencia es positiva como si no lo es.

– ¿Este acompañamiento psicológico debe ser ofrecido por el centro de salud o la embarazada debe solicitarlo?

– Sería ideal que estuviera a disposición en todos los centros de salud, pero lo cierto es que actualmente son pocas las instituciones que incluyen psicólogos perinatales dentro de sus equipos profesionales, siendo prioritaria y urgente la inclusión de la salud mental materno-infantil en la agenda de políticas públicas.

Un pionero en la temática, Daniel Stern, señala justamente cómo se da lugar fácilmente a las náuseas matutinas, a las molestias en los pechos, al cansancio materno, a los beneficios de la lactancia, y difícilmente se habla sobre los cambios cruciales que implica la maternidad, sobre lo movilizante que suele ser, sobre la adaptación y re-estructuración psíquica que supone.

Por otro lado, hay una demanda creciente por parte de los profesionales que asisten en el área perinatológica, de encontrar espacios en los que ellos también puedan poner en palabras sus sentimientos y dificultades, todo lo que se moviliza no sólo a partir de su trabajo específico, del vínculo con otros profesionales y con los pacientes, de las exigencias y de los desafíos que enfrentan, sino también con relación a las vicisitudes institucionales y a las demandas propias del sistema de salud actual.

– La ley de parto humanizado generó cambios en el trato que se le dan a las embarazadas en los hospitales. ¿Cuáles son las prácticas más difíciles de modificar? ¿Por qué?

– Es importante resaltar que en Argentina existe una propuesta normativa de avanzada a nivel internacional: no sólo contamos con la Ley Nacional 25.929 de derechos de padres e hijos en el proceso del nacimiento y su Decreto Reglamentario 2035/2015, sino también con la Ley Nacional 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres -en la que se incluye el concepto de violencia obstétrica- y con la Ley Nacional 26.529 de derechos del paciente en su relación a los profesionales e instituciones de la salud. Aún así, es sabido que en numerosos centros de salud -tanto públicos como privados- estas leyes son incumplidas, priorizando protocolos institucionales desactualizados en cuanto a la evidencia científica disponible, protocolos que dan lugar a un trato despersonalizado en el que quedan por fuera las emociones, en el que se subestiman las necesidades psicoafectivas, y en los que se alienta la práctica de intervenciones rutinarias.

Lamentablemente, son muchas las mujeres que no se sienten contenidas durante el proceso de parto, que no pueden expresar sus miedos, son muchas incluso las que se sienten juzgadas cuando expresan sus emociones: “Si te gustó lo dulce, bancate lo amargo”, “bien que cuando lo hacías no te quejabas”. Aún es moneda corriente escuchar relatos de partos en los que las mujeres son infantilizadas, en los que no se les permite que sean acompañadas por quien ellas elijan, en los que se les prohíbe la libertad de movimiento durante el trabajo de parto y en los que se las obliga a parir acostadas.

En relación a la pregunta, y según lo que he ido observando en mis años de ejercicio profesional, las prácticas más difíciles de modificar en la atención del parto son aquellas que de alguna manera se realizan desde hace décadas para acelerar el proceso (la rotura artificial de bolsa, la administración de oxitocina sintética, la episiotomía), intervenciones que seguramente en algunos casos son necesarias y tienen una indicación médica específica, pero que de ninguna manera deben ser practicadas de forma rutinaria en tanto no son sin consecuencias. Asimismo, resulta alarmante cómo se ha naturalizado la separación de la madre y el recién nacido, pese a la vasta evidencia científica disponible sobre la importancia del contacto piel con piel ininterrumpido, del inicio temprano de la lactancia materna, y pese a las recomendaciones de la OMS y de la OPS de postergar por lo menos durante la primera hora de vida todo procedimiento rutinario de atención al recién nacido que separe a la díada.

Como afirma el Dr. Alberto Grieco, “el personal que está preparado técnicamente para enfrentar una patología, no está en las mismas condiciones para llevar adelante lo que es un verdadero acompañamiento del embarazo, parto y nacimiento natural. Aunque suponen que lo están, la conciencia del tiempo es distinta y la concepción para asistir a una mujer sana no es la misma que para una enferma. El tiempo para aliviar y curar no es el mismo que el tiempo para acompañar y respetar el ritmo subjetivo para separarse del hijo contenido nueve meses en su útero. Tanto en la salud como en la enfermedad cada persona tiene su tiempo, pero en la salud debemos saber esperar, en la enfermedad no”.

– ¿Cómo podría afectar la relación madre-bebé un parto no respetado?

Justamente es uno de los motivos de consulta más frecuente: las secuelas de la violencia obstétrica y de los partos que se inscriben como traumáticos, dejando cicatrices físicas y heridas emocionales difíciles de sanar.

En general, el parto traumático suele estar relacionado con la percepción de cuidados inadecuados y con el trato recibido por parte de los profesionales, con la sensación de amenaza acompañada de miedo extremo y/o sensación de indefensión. Hay mujeres que han tenido partos muy complicados, con numerosas intervenciones, y que no lo han vivido de forma traumática gracias a que han tenido una excelente asistencia profesional a través de todo el proceso, explicándoles, conteniéndolas, escuchando sus miedos. Investigaciones recientes sugieren que las mujeres no necesariamente se ven traumatizadas cuando el parto no ocurre según sus expectativas, sino que se ven sustancialmente más afectadas cuando no reciben la atención que esperaban.

Este tipo de experiencias suelen dar lugar a altos montos de angustia, ansiedad e irritabilidad, sentimientos de culpa, dificultades a la hora de descansar, re-experimentación del trauma, evitación de lugares y estímulos asociados, aislamiento social y pérdida de la capacidad de disfrute. Además, suelen aumentar las complicaciones en la lactancia materna y la incidencia de manifestaciones psicopatológicas en el período postparto: depresión, trastornos de ansiedad, sintomatología de estrés postraumático similar a la que comúnmente se observa en veteranos de guerra. Manifestaciones que alteran la sensibilidad materna, que dificultan la capacidad de maternar y que impactan en la interacción diádica. En ocasiones, las experiencias son tan negativas que además terminan condicionando la vida sexual y reproductiva de la mujer de forma tal que no quiere tener más hijos (siente que no puede volver a pasar por lo vivido).

– En general, ¿las embarazadas conocen los derechos que les reconoce la ley de parto humanizado?

No todas las mujeres embarazadas ni tampoco todos los profesionales, aunque cada vez se difunden más gracias a los medios de comunicación masiva, a las redes sociales, a las ONGs comprometidas con la causa, a las campañas de sensibilización de organismos nacionales e internacionales, y también de asociaciones de usuarios del sistema de salud.

A trece años de la sanción de la Ley 25.929, es fundamental comprender que el parto respetado no es una opción sino que es un derecho, que no debería ser la excepción sino la norma.

Lic. Natalia Liguori
Psicóloga (MN 47.600 – MP 96.341)
Co-coordinadora de la Comisión de Psicología Perinatal del Colegio de Psicólogos del Distrito XV de la Pcia. de Buenos Aires
Co-coordinadora de Nacer Juntos – Psicología Perinatal
Integrante de la Asociación Civil Dando a Luz y
Miembro de IAN (International Attachment Network) Argentina

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